6/8/17
Nos levantamos pronto para intentar que Kilian duerma el mayor tiempo posible en la furgo, nos esperan casi 5 horas de viaje y se le puede hacer pesado. Aunque viajar con él es un lujo, no se queja nada, puede estar todo el camino dormido o jugando. Este verano, como se preveían muchos kilómetros, hemos cargado la tablet de capítulos de dibujos, y la verdad es que nos ha sacado de algún que otro apuro.
Llegamos a Lisboa, a un camping que encontramos en Internet, está a las afueras de la ciudad pero tiene buena conexión gracias a un autobús que te lleva hasta el centro. De todas formas no tenemos buena experiencia con los autobuses allí, no tienen ningún control con los horarios y hay que esperar mucho hasta que llega uno, así que la parada y el autobús acaban llenándose, imaginaros cómo entramos con el carro del peque y Luna...
Comemos en el camping y nos vamos al centro.
Ya habíamos estado hace unos años pero la verdad es que con Kilian se ve todo diferente, te fijas en cosas que antes no te habías parado a ver.
Lisboa nos vuelve a enamorar. Vemos el centro y paramos en la parte antigua a tomar algo, sus casas antiguas, sus baldosas y su suelo sigue teniendo un encanto inigualable
Ya habíamos estado hace unos años pero la verdad es que con Kilian se ve todo diferente, te fijas en cosas que antes no te habías parado a ver.
Lisboa nos vuelve a enamorar. Vemos el centro y paramos en la parte antigua a tomar algo, sus casas antiguas, sus baldosas y su suelo sigue teniendo un encanto inigualable
Nos vamos al camping, al día siguiente nos espera un día largo callejeando.
Perdemos el último autobús, así que decidimos pillar un taxi, salen un poquito más caro (somos 3 más el peque más el perro), pero la verdad es que merece la pena después de ver todo lo que tarda el bus. Así que a la mañana siguiente decidimos hacer lo mismo para llegar al centro.
07/08
Nos deja en el centro y nos ponemos a callejear, en Lisboa hay que perderse, descubrir cada calle, cada casa con sus baldosas de diferentes dibujos y colores. De repente aparecer en un ático dónde ver toda la ciudad y sus espectaculares vistas.
A Sole y a mi nos encanta hacer fotos, todo lo que nos rodea nos fascina para plasmarlo en nuestra cámara. Su tranvía, sus edificios, sus tiendas...
Vamos al castillo para ver las espectaculares vistas de la ciudad.
Volvemos a callejear, a buscar rincones con el encanto que le caracteriza.
Decidimos pillar un tranvía e ir a ver la torre de Belén, no sin antes pasar a comer el auténtico pastelito de Belén, hay que esperar una cola larguísima, pero merece la pena para comerse esa delicia.
Vemos el monumento a los descubridores y la torre de Belén, los dos indispensables en la visita a Lisboa.
8/8
Nos levantamos pronto, hoy toca día de carretera y varias paradas turísticas.
La primera parada es Cascais, preciosas sus calles y su playa.
Seguimos hasta Sintra, es imposible aparcar, hay muchos turistas y poco espacio para parar. El pueblo es precioso pero no conseguimos disfrutar de él debido a la masificación de turistas que hay. Nosotros ya habíamos estado en nuestra anterior visita a Portugal, pero Sole no, así que nos vamos con pena.
Seguimos varios kilómetros hasta parar en Peniche, solo visitamos la playa, suficiente para darnos cuenta del espectacular viento que hace, es imposible estar en la playa, todos están tapados con un paravientos.
Nuestra última parada es en Nazareth, encontramos un camping cerca que nos encanta. Así que terminamos allí el día y aprovechamos a planificar lo que nos espera el día siguiente.
9/8
Nazaret tiene la ola más grande del mundo, vamos al faro dónde se pueden ver, antes pasamos por un mirador donde las vistas son impactantes por su altura, desde allí se ve la inmensa playa. El viento sigue siendo muy fuerte, según nos habían avisado, allí es lo normal.
Por último vamos a visitar la iglesia y seguimos nuestro camino hasta Aveiro.
Aveiro me encanta, sus calles son coloridas, en el centro tienen unas redes de balcón a balcón con peces colgando, son hechos a mano, y me fascinan. Parece que estás bajo el mar.
(Foto Sole)
(Foto Sole)
(Foto Sole)
(Foto Sole)
Comemos en Aveiro; y con pena, pero con muchas ganas, volvemos a la furgoneta para terminar el día en Oporto.
Llegamos a un camping que está alado de Oporto, en Gaia, está muy bien comunicado con un autobús urbano, así que nos quedamos.
10/08
Preparamos todos los bártulos y vamos a la parada de autobús, los 20 minutos que tarda en llegar a Oporto es una locura, el conductor va por calles muy estrechas y a una velocidad que nos deja a todos sin habla. No me quiero ni imaginar cómo es vivir en esas calles estrechas sabiendo que pasan los autobuses de esa forma.
Y llegamos a Oporto, me atrevo a decir que es la joya de la corona de estas vacaciones, nos deja boquiabiertos, sus calles, sus cuestas, el río Duero que lo cruza, los puentes que unen las dos partes... Todo nos encanta. Callejeamos sin parar, vimos sus iglesias, sus monumentos, entramos en sus tiendas con encanto.
Para comer encontramos un bar típico, pequeñito pero con toda la esencia de Oporto en esos pocos metros, decidimos comer un plato tan típico como las "francesinhas", una bomba de ingredientes, pero nos encanta.
Tras patear todas sus calles decidimos parar y disfrutar de su gastronomía y su "vinho verde" en un bar fuera de toda la multitud. Pedimos unas croquetas de bacalao. Estamos tan agusto que decidimos quedarnos en Oporto hasta el último autobús, queremos ver las vistas de noche.
Todo un acierto, terminamos el día a la orilla del Duero brindando con vinho verde y con unas vistas espectaculares, un broche de oro para despedir las vacaciones con nuestra prima Sole. 💕













































Comentarios
Publicar un comentario