Esta noche ha sido como la anterior, reggaeton hasta las 2 de la mañana, menos mal que llevamos la tablet con series y conseguimos oírlo menos.
Kilian, como no para, llega rendido a la cama y duerme del tirón.
La noche es fresquita así que dormimos de lujo.
Nos levantamos y vamos directos a un pueblo que nos han recomendado. Se llama Robledillo de Gata. Nos atrevemos a decir que es de los pueblos más bonitos y con más encanto que hayamos visto nunca. Su arquitectura y el arroyo que lo atraviesa hacen de él un lugar digno de visitar.
No cuesta imaginarse como sería hace 100 años ya que parece que no ha cambiado ni una sola piedra.
Volvemos al camping, el sol empieza a apretar y donde mejor se está es la sombra del río que lo rodea. A Kilian no hay quien lo saque de la orilla, se lo pasa pipa buscando piedras.
¡Tras la pataleta por sacarle del agua nos vamos al camping a cenar una tortilla de patata hecha por el aita que está riquísima!










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