Nos despertamos en Ciudad Rodrigo, hemos pasado una noche fenomenal, Kilian duerme del tirón.
Desayunamos y volvemos a la carretera, hasta un camping situado a pocos kilómetros del pueblo de Gata. "Camping Sierra de Gata". Es grande y tiene de todo para los peques, piscinas, canchas de tenis, fútbol, pimpon...
Lo mejor de todo es el río que tiene justo al lado, nos ha enamorado, con el agua súper limpia y cristalina, un poco fría pero con el tiempo que nos está haciendo viene genial el bañito.
Con el calor que hace solo apetece estar en el agua. Asi que nos sentamos con el peque en la orilla del río y pasamos la tarde entre chapuzones.
Preguntamos a unos vecinos del camping dónde podemos cenar y nos recomiendan ir a Gata, un restaurante que se llama "El secreto del bodegón".
Cenamos genial, esta situado en un rinconcito de Gata con mucho encanto. El restaurante es pequeño, pero la terraza la tiene en una callejuela que la hace diferente. Pedimos huevos rotos y rabo de toro, los dos platos riquísimos. Muy recomendables, aunque viendo los platos que sacaban al resto de mesas, creo que hubiésemos acertado con cualquier elección.
Cada rincón de Gata nos ha conquistado, sus calles y su gente desprende una esencia única.
Volvemos al camping y directos a la furgo, ¡hay que reponer fuerzas para el día siguiente!
Lo mejor de todo es el río que tiene justo al lado, nos ha enamorado, con el agua súper limpia y cristalina, un poco fría pero con el tiempo que nos está haciendo viene genial el bañito.
Con el calor que hace solo apetece estar en el agua. Asi que nos sentamos con el peque en la orilla del río y pasamos la tarde entre chapuzones.
Preguntamos a unos vecinos del camping dónde podemos cenar y nos recomiendan ir a Gata, un restaurante que se llama "El secreto del bodegón".
Cenamos genial, esta situado en un rinconcito de Gata con mucho encanto. El restaurante es pequeño, pero la terraza la tiene en una callejuela que la hace diferente. Pedimos huevos rotos y rabo de toro, los dos platos riquísimos. Muy recomendables, aunque viendo los platos que sacaban al resto de mesas, creo que hubiésemos acertado con cualquier elección.
Cada rincón de Gata nos ha conquistado, sus calles y su gente desprende una esencia única.
Volvemos al camping y directos a la furgo, ¡hay que reponer fuerzas para el día siguiente!






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